Trama: Ángela y su hijo Guille viajan a la gran ciudad ante la repentina enfermedad de Leo, padre de ella y
abuelo del chaval.
Cuando llegan, poco después del caluroso amanecer de un día de verano, Leo acaba de morir.
Es Charo, amante del difunto, la que pone a Ángela al corriente de la ruina del negocio paterno: un
local en el que se alinean siete mesas de billar francés que con el paso de los años fue perdiendo
lustre, clientela y dinero. Para Charo, la única solución ante la deuda es vender.
Poco después, como si el destino viniera a confirmar que las desgracias llegan de tres en tres,
Ángela tiene noticia de que su marido ha desaparecido en oscuras circunstancias.
A partir de esta dolorosa realidad, Ángela se empeña en salir adelante y reconstruir su vida.
Y lo primero que decide es emplear sus ahorros en volver a poner en marcha el viejo local de las
siete mesas.
Lo inmediato es modernizar el negocio. Lo siguiente, volver a reunir el equipo de billaristas que
capitaneó su difunto padre. Porque Leo le enseñó desde pequeña que unos billares sin equipo en
la liga no son nada.
La búsqueda de Ángela le llevará a vivir distintas situaciones. Unas muy cercanas
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